El corazón de las rocas: Luis Guijarro Miravete

Nuestro compañero Luis Guijarro Miravete ha publicado su primer libro: El corazón de las rocas, novela histórica que transcurre por tierras del Maestrazgo.
El libro está a la venta en: Editorial SLOVENTO. Tfno. 911 812 392;
Dirección de correo: [email protected] 
O directamente a Luís Guijarro Miravete. Tfno.915 525 236.
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Carta de Luis Guijarro Miravete

Queridos compañeros:

Siempre quise escribir, pero, además, siempre quise escribir novelas.

Como suele suceder con casi todos los sueños que se tienen en la vida, los años fueron pasando inexorablemente sin que acabara de decidirme a poner mi deseo en práctica. Unas veces el pretexto era la falta de tiempo, otras las dudas respecto a mi propia capacidad creativa y casi siempre el temor a enfrentarme con una actividad que para mí era totalmente desconocida.

Pero el gusanillo de la escritura continuaba tentándome sin éxito, hasta que un buen día me llegó la oportunidad en forma de jubilación anticipada. Y en ese momento, cuando comprendí que los pretextos se habían acabado, me senté ante el ordenador y empecé a escribir ideas, sin saber muy bien a dónde me conduciría aquella decisión.

Primero fueron semanas, después meses y por fin años de intensa dedicación, que, con mayor o menor continuidad, han significado una media de cuatro horas diarias de trabajo, si bien es cierto que, al partir de cero, las idas y venidas, los callejones sin salida y la tarea rehecha una y mil veces han sido una tónica constante durante los cuatro años que llevo empleados en la labor, apasionante, de desbrozar mis ilusiones literarias.

Hoy puedo deciros que acabo de publicar mi primer libro, titulado El corazón de las rocas, del que voy a contaros algunas cosas.

Se trata de una novela histórica que transcurre en unas tierras muy queridas por mí, concretamente en la comarca turolense de El Maestrazgo, en la que, aunque figure con nombre imaginario, se encuentra el pueblo del que proceden mis raíces maternas.

Lo que he pretendido al escribirla es desarrollar una parte de la Historia de aquellos lugares, aderezando su contenido con la presencia de unos personajes ficticios que se mueven entre los reales como si también ellos lo fueran.

Para ello he escogido a un historiador actual, Fernando, que a partir de unos documentos encontrados al azar inicia la reconstrucción de las vidas de dos lejanos antepasados suyos: don Pedro, un caballero templario que intervino en la reconquista del Bajo Aragón durante el siglo XII, y don Tomás, un noble terrateniente aragonés que tuvo que vérselas con las manejos políticos del todopoderoso duque de Lerma allá por los comienzos del XVII.

De esta forma, he pretendido que el lector asista a dos hitos importantes de la Historia, uno de ellos, la extensión de las fronteras del reino de Aragón hacia el sur en la época de Alfonso II el Casto, y el otro, la expulsión de los moriscos durante el reinado de Felipe III y la repercusión que tal medida tuvo en el mundo rural aragonés de la época.

Aunque he procurado cuidar los aspectos históricos con el máximo rigor posible, no conviene perder de vista que se trata de una novela en la que, como tal, los personajes son inventados. Ello me ha permitido “novelar” unas vidas, inscribiéndolas en un marco “real”, de tal forma que el conjunto dé una visión de la evolución de aquellas tierras a lo largo del tiempo, al mismo tiempo que el discurrir de los acontecimientos que se narran consiga hacer amena la lectura del libro.

Y como los personajes de mi novela son de carne y hueso, y determinados comportamientos humanos han sido constantes a lo largo de los siglos y lo seguirán siendo en el futuro, he procurado que no falten los ingredientes que dan salsa a la vida, dulces unos, amargos otros, pero reales todos. Así, veremos a Fernando, a Tomás y a Pedro, cada uno en el momento que le tocó vivir, debatiéndose entre las pasiones del alma y de la carne, luchando por conseguir sus ambiciones personales y, en definitiva, viviendo de la forma que les induce su sentido de la existencia, distinto en cada uno de ellos, pero asombrosamente semejante en los tres.

Si las rocas tuvieran corazón, como dice el título de la novela, no sería otro que el afán colectivo y continuado de las gentes que las pisan. Y quizá, aunque yo no me lo hubiera propuesto deliberadamente, mis personajes me hayan llevado a que sea ese el mensaje que subyace tras la lectura de la novela.

Sólo me queda animaros a que leáis el libro y, por supuesto, desearos que disfrutéis con él como yo lo he hecho al escribirlo.

Un cariñoso saludo a todos

Luís Guijarro Miravete