Visita guiada diciembre 2023 – Ruta monumental

El sábado 16 de diciembre tuvo lugar nuestra última visita guiada de 2023, en la que recorrimos los alrededores de las Plazas de Tirso de Molina y Antón Martín, sin poder apenas creernos la cantidad de historias y anécdotas que rodean esta zona y que nos compartió nuestro guía Adolfo.

La plaza de Tirso de Molina está situada en la parte norte del barrio de Lavapiés. Su forma triangular la diferencia de la mayoría de las plazas de Madrid, rectangulares o cuadradas. Esta forma triangular está directamente relacionada con el espacio sobre el que se ubica: el del antiguo Convento de la Merced, construido en 1564 en tiempos de Felipe II y derribado durante la desamortización de Mendizábal en 1836. Así pues, este convento estuvo aquí casi 300 años.

El Convento de la Merced era famoso por poseer una gran cantidad de obras de arte, muchas de las cuales fueron saqueadas y robadas por los franceses durante la guerra de la independencia. Las que se salvaron se encuentran actualmente en el Museo del Prado.

A la vuelta a España de Fernando VII, en 1816, los frailes volvieron al convento y estuvieron aquí hasta 1836, en que el convento fue derribado. Al fallecer Mendizábal, se le homenajeó con una estatua y la plaza pasó a llamarse Plaza del Progreso.

Tras la guerra civil, en 1943, la estatua de Mendizábal fue derribaba y en su lugar se instaló la actual estatua de Tirso de Molina y el nombre de la plaza cambió desde Plaza del Progreso al actual nombre, Plaza de Tirso de Molina. En el pedestal de la estatua de Tirso de Molina se puede ver un escudo doble de Madrid que lleva, en la parte derecha la osa y la madroñera, y en la parte izquierda un dragón que estuvo muy cerca de ser el escudo oficial de Madrid.

Tirso de Molina es el seudónimo literario de fray Gabriel Téllez, nacido en 1579 en Madrid y que ingresó en el Convento de la Merced en 1600. Este religioso mercedario destacó como uno de los grandes dramaturgos del siglo de oro. Si bien cultivó temas religiosos, sus comedias de enredo (bastante picantes) le granjearon problemas con las autoridades religiosas, pero éxitos con los espectadores, que acudían a los principales corrales del centro de Madrid a ver las representaciones de sus comedias.

En 1889 el pintor valenciano Joaquín Sorolla, padre del luminismo, instaló en un edificio de esta plaza su primer estudio de pintura. Asimismo residieron aquí los hermanos Bécquer, Gustavo y Valeriano.

Timoteo Pérez Rubio también vivió muchos años en la Plaza de Tirso de Molina con su mujer, Rosa Chacel, escritora de la generación del 27. Era un pintor costumbrista, que llegó a ser presidente de la Junta Nacional del Tesoro Artístico Nacional, y que protegió centenares de obras de arte durante la guerra civil. En 1938 estamentos europeos presionaban activamente al gobierno republicano para que las mejores obras de arte españolas fueran puestas a buen recaudo en el extranjero. A finales de ese año el gobierno encargó a Timoteo la organización del traslado de las grandes joyas de nuestro patrimonio a Ginebra (Suiza), para proteger buena parte del Tesoro Artístico Nacional, especialmente muchas de las mejores obras del Museo del Prado, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, o de los monasterios de las Descalzas Reales o de El Escorial.

A tal fin, y en el más absoluto secreto, se cargaron 71 camiones con más de 500 cuadros, 180 grabados, el “Tesoro del Delfín”, piezas de conventos, etc. En el invierno de 1938 parten hacia Valencia y desde allí suben en dirección Barcelona, que cae justo a finales de enero de 1939. El convoy cruza a Francia por caminos sometidos a constantes bombardeos de la Legión Cóndor y la Aviación italiana, a continúas nevadas y al trasiego de medio millón de republicanos tratando de abandonar el país. Tras todos estos avatares, el 12 de febrero de 1939 llegan al Palacio de las Naciones de Ginebra, donde durante unos siete meses las obras permanecen bajo la protección de la Sociedad de Naciones. Una aventura increíble y poco conocida, que fue coordinada por Timoteo Pérez, impecable en la dirección del proyecto y en su gestión de cambios, problemas y riesgos.

Poco después termina la guerra civil española y el nuevo gobierno solicita a Suiza la devolución de las obras. Suiza se resiste, con la intención de quedárselas un tiempo en compensación por haberlas acogido, guardado y protegido. Pero el primero de septiembre de 1939 comienza la segunda Guerra Mundial, lo que ayuda a que se acepte la repatriación de estos bienes culturales. Esta vez el traslado se hace por ferrocarril y dura un mes.

En 1921, mientras se construía estación de metro de Tirso de Molina, los obreros encontraron esqueletos humanos que pertenecían a los frailes del antiguo convento. El hallazgo desató la polémica entre las autoridades, que al final se cree decidieron dejar los huesos donde estaban y tapiarlos debajo de los azulejos que recubren los andenes de la estación. Ahí comenzó la leyenda de los extraños ruidos y gritos que muchos decían escuchar a las 12:00 en esta estación de metro. Muchas personas pagaban la entrada del metro solo para oír los llantos de los frailes.

En el año 2008 la plaza se renovó completamente, ampliando su zona peatonal, en la que se instalaron quioscos formando un mercado de flores. Flores, vecinos ilustres, fenómenos paranormales… la historia de la plaza de Tirso de Molina es inacabable.

Saliendo de la plaza de Tirso de Molina por la calle Duque de Alba, en el número 4 de esta calle encontramos un palacete que entre 1913 y 1933 albergó la redacción del periódico El imparcial, que llegó ser considerado el periódico más influyente en la España de finales del siglo XIX y principios del XX.

A lo largo de su historia, la redacción de El Imparcial conoció diferentes sedes en Madrid, pero a principios del siglo XX el director del periódico, Eduardo Gasset y Artime (abuelo del filósofo Ortega y Gasset), encargó al arquitecto Daniel Zavala un nuevo edificio para albergar la sede de este moderno y liberal diario, sede que se inauguró en 1913.

En la parte exterior, el edificio conserva dos torreones laterales y balcones con balaustradas. Aquí estuvieron las oficinas, la dirección y la redacción y, en la parte trasera, en torno a un patio se situaron los talleres de composición, para los que el arquitecto concibió una claraboya de grandes dimensiones que arrojaba luz natural al interior y que aún se puede contemplar en la actualidad.

En la nueva redacción se elaboraba el suplemento cultural “Los Lunes de El Imparcial”, con artículos de divulgación científica, crítica literaria y teatral, arte y creación, que constituyeron lo más intelectual de la prensa nacional, y donde colaboraron grandes plumas como Unamuno, Azorín o Baroja. Sin embargo, el periódico no sobrevivió a los tumultuosos acontecimientos de la España del primer tercio del siglo XX, y en el año 1933 se suspendió la edición del diario, las rotativas dejaron de funcionar, y el periódico cerró.

El edificio se reformó y en su patio se instaló una sala de cine, el cine Alba. Desde los años 80, el cine Alba pasó a ser una de las salas de cine “X”más conocidas de la capital, el cine Duque de Alba. Actualmente, el espacio que un día acogió la redacción e imprenta de El Imparcial lo ocupa uno de los restaurantes más peculiares del barrio de La Latina, que conserva el nombre de la publicación.

Los edificios de los alrededores de la plaza de Tirso de Molina lucen actualmente perfectamente rehabilitados, pero pocos tienen ese puntillo especial que los distingue de los demás. Pocos, pero no todos, porque hace unos años se optó por dar un lavado de cara al edificio del número 14 de la calle del Conde de Romanones.

El encargado de ello, Julio Barbero, decidió inspirarse en la obra del artista holandés Maurits Cornelis Escher, más conocido como M.C. Escher (1898-1972) para crear una espectacular fachada en la que se aprecia como los azulejos cuadrados de su base se van moldeando y mutando según ganan altura en la fachada, hasta convertirse en unos pequeños lagartos en su parte superior.

Esta fachada está inspirada en concreto en la obra de Escher ‘Metamorphosis II’, una xilografía o grabado en madera, que data del año 1940.

Escher se hizo famoso por sus paradójicos dibujos y grabados que parecen sacados de un sueño, con figuras imposibles que deforman y juegan con la realidad sin límites. De familia acomodada, realizó su obra únicamente por diversión, sin estímulo económico, hasta que murieron sus padres y empezó a vender sus grabados con muchísimo éxito. En un principio hizo grabados por encargo, pero después pasó ya a hacerlos en serie.

En 1929, en la calle Doctor Cortezo, una de las bocacalles de la plaza de Tirso de Molina, se inauguraba el Frontón Madrid, el único frontón en el que jugaban mujeres a la pelota vasca, y que se mantuvo en pie hasta 1981.

En la segunda mitad del siglo XIX existía en Madrid una colonia vasca tan importante y numerosa que trajeron el espectáculo del juego de pelota vasca a la capital, y que empezaron a construir sus pabellones para este deporte, que en un primer momento eran descubiertos. El primero de ellos fue el Jai Alai (“fiesta alegre”), en la calle Alfonso XII, hoy desaparecido. Y el segundo fue el Beti Jai (“siempre fiesta”) en la calle Marqués de Riscal, inaugurado en 1894 y hoy rehabilitado y visitable. El Beti Jai, con cuatro alturas, tenía capacidad para 4.000 personas. Es el frontón más antiguo de Europa, no lo hay más antiguo ni siquiera en el país vasco. Posteriormente y debido al frio clima de Madrid, decidieron construir pabellones cubiertos, entre ellos el Frontón Madrid, un frontón para mujeres pelotaris.

Propiedad del empresario Ildefonso Anabitarte, nada más inaugurarse fue considerado como “el templo de la raqueta”, debido a la calidad de su cancha y a los elegantes y modernos servicios que se proporcionaban al público. El edificio, con capacidad para 1.500 personas, incluía un espacio para salón de té, bar y restaurante, y hasta una peluquería. Tenía asientos reclinables, y en su fachada las vidrieras eran de los hermanos Maumejan. El conjunto fue diseñado por el arquitecto Eduardo Lozano Lardet, autor también del Cine San Carlos, ubicado en la calle Atocha y actual discoteca Kapital.

El Frontón Madrid pasó a la historia como uno de los más avanzados, al contar con expertas jugadoras pelotaris como la famosa Carmencita “la Bolche”. En la pelota vasca se jugaba (y se juega) muchísimo dinero por lo que las jugadoras eran obligadas a disputar varios partidos todos los días obligadas por las apuestas, lo que las llevó incluso a sindicarse.

El frontón funcionó muy bien desde 1929 hasta después de la guerra. La dictadura consideró que este juego de mujeres era pecaminoso y producía esterilidad; si bien no retiraron las licencias a las jugadoras existentes, no concedieron más, y así murió poco a poco este deporte femenino. El edificio quedó abandonado a finales del siglo XX y permaneció en este estado hasta que el ayuntamiento decidió venderlo a la cadena hotelera Eurostars, que lo demolió por completo, excepto su fachada.

Una de pequeñas calles que desembocan en la plaza de Tirso de Molina es la calle de San Pedro Mártir. A la altura del número 5, en la esquina con la calle de la Cabeza, alzando la vista nos fijamos en unos coloridos murales de cerámica que recuerdan el estilo del pintor Pablo Picasso.

Están en un edificio que albergó la sencilla pensión donde vivió Picasso durante 6 meses entre 1897 y 1898, en su primera etapa en Madrid. Cuando tan solo tenía 16 años, Picasso se instaló en la capital para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El autor del Guernica regresaría más tarde a Madrid, en 1901, antes de mudarse a París, pero ya no se instaló aquí, sino en la calle Zurbano.

En esta misma casa también vivió el actor de cine Pepe Isbert (“La gran familia”), con el que Picasso trabó una gran amistad.

Los murales se colocaron en el año 1981 para conmemorar el centenario del nacimiento de Picasso y son obra de Lola Gil. En el primero de estos murales podemos ver al propio Picasso jugando a cartas con Pepe Isbert, y en los superiores vemos reinterpretaciones de algunas de las obras del pintor.

En otra de las bocacalles de la Plaza de Tirso de Molina, la calle de la Magdalena, encontramos un edificio con dos portalones idénticos, donde vivió hasta su fallecimiento, en el día de Navidad de 1913, Alberto Aguilera, que fue alcalde de Madrid.

Durante su mandato destacó por erigir muchísimos monumentos escultóricos como el de Eloy Gonzalo, Bravo Murillo, Agustín Argüelles, Goya o Quevedo. Asimismo, aprobó el proyecto de construcción de la Gran Vía, impulsó la creación del parque del Oeste (que era un basurero) y se comenzó la construcción del hospital de Maudes.

Más adelante, en la misma calle, encontramos el Palacio del marqués de Perales. En el siglo XVIII, el matrimonio formado de la marquesa de Perales del río y el conde de Villanueva de Perales, decide construir su residencia en la calle de la Magdalena de Madrid sobre el solar de un antiguo convento. Es un palacio urbano típico de ese siglo, con planta cuadrangular y estructurado en tres patios interiores. En la fachada principal, de líneas muy sencillas, resalta la maravillosa portada barroca obra de Pedro de Ribera, ricamente decorada.

En el Palacio del Marqués de Perales del Río asesinaron al tercer marqués de esta familia nobiliaria en 1808, después de haber traicionado al pueblo de Madrid al pactar la entrada de las tropas napoleónicas. La historia cuenta que al principio de la guerra de la independencia en Madrid se distribuyeron armas entre los vecinos, y en las pocas municiones que se entregaron se descubrieron cartuchos rellenados con arena en vez de pólvora. El pueblo se amotinó y culpó al regidor que había intervenido en su confección, el marqués de Perales, cuya casa fue asaltada, el marqués cosido a puñaladas, y su cadáver arrastrado por las calles.

El palacio siguió siendo propiedad de la Casa de Perales hasta 1924, casi 200 años, en que lo vendieron al estado. Desde entonces ha tenido diversos usos, bodas civiles, estafeta de correos y Hemeroteca Nacional de 1983 a 1989. En 2002 pasó a ser la Filmoteca Nacional, en sede conjunta con el cine Doré. Contiene 55.000 monográficos, más de 2.000 títulos de revistas y la colección de cartelería de cine más importante de España. Además, muchos cineastas como Buñuel han cedido sus colecciones a la Filmoteca. Atesora también dos cámaras originales de los hermanos Lumière. En la reforma del año 2002 recuperaron un gran sótano que pudiera ser la cripta del antiguo convento, cubierto con bóvedas de ladrillo y galerías laberínticas.

La plaza de Antón Martín figura ya en el plano de Madrid de Pedro Texeira de 1656 rotulada como “plazuela de Antón Martín”. Pero nunca fue reconocida como plaza sino como un simple ensanchamiento de la calle de Atocha, por lo que carece de numeración y sus edificios y establecimientos llevan los números de la calle Atocha. A lo largo de la historia, Madrid ha tenido varias murallas y cercas, unas con fines defensivos y otras para control fiscal y sanitario. Entre estas últimas estuvo la segunda cerca o cerca de Felipe II de 1566, en la que se encontraba la Puerta de Antón Martín.

Antón Martín fue el primer discípulo de San Juan de Dios y su sucesor al frente del hospital que San Juan de Dios había levantado en Granada destinado a los más pobres. En 1552, por mandato real, erigió en Madrid un hospital similar al de Granada. En la calle Atocha, muy cerca de la plaza que hoy lleva su nombre, fundaría el hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, más conocido como «Hospital de Antón Martín», donde desplegó su actividad en favor de los enfermos y los más desfavorecidos hasta su muerte, el 24 de diciembre de 1553 con 53 años.

En la plaza de Antón Martín encontramos la farmacia de El globo, una de las farmacias más antiguas de Madrid, abierta por el farmacéutico Miguel González Gallardo en 1869. Se hizo popular por ser una de las primeras farmacias de servicio permanente (o de guardia) y por un gran farol colgado en la fachada, recurso publicitario usado en aquellos tiempos en los establecimientos ingleses de farmacia, herbolarios y droguerías, y que luego sería sustituido por la actual cruz verde. Con el tiempo, el farol fue reemplazado por un globo Montgolfier de los orígenes de la aerostática.

En aquella época, la farmacia englobaba la planta baja y el primer piso, encima del cual existían otros pisos ocupados por distintos inquilinos. Concretamente en el piso tercero vivió Santiago Ramón y Cajal durante algunos años. Durante la batalla de Madrid en la guerra civil española, el edificio vecino fue alcanzado por un bombardeo, que dañó también el edificio de la farmacia por lo que, tras la contienda, la botica fue ampliada y restaurada.

En 1732 el rey Felipe V encargó una fuente monumental a Pedro de Ribera “para el embellecimiento de la villa y mejora de los suministros de agua”, la Fuente de la Fama, que es una de las pocas fuentes del siglo XVIII que se conservan en la capital.

De estilo churrigueresco, la fuente estaba alimentada por el viaje del Arroyo Abroñigal, tenía cuatro caños y contaba con catorce aguadores asignados. La base está sujeta por cuatro delfines mitológicos, y en su cúspide hay una Victoria alada tocando una trompeta, simbolizando que, a pesar del triunfo, la fama no perdura.

Su enclave original fue esta plaza de Antón Martín, desde donde fue testigo del Motín de Esquilache. Posteriormente la trasladaron a la plaza de Peñuelas, y luego al parque del Oeste, al lugar donde actualmente está la fuente de Villanueva, en el paseo de Camoens. Finalmente, en 1940, la trasladaron a su ubicación actual, en el jardín del Museo Municipal de Historia de la calle Fuencarral.

El Teatro Monumental, antes conocido como Monumental Cinema, es una sala de espectáculos situada en el número 65 de la calle Atocha. En las primeras décadas del siglo XX, la empresa Sagarra quiso construir un cine fuera del ámbito de la Gran Vía, para lo que contrató al arquitecto Teodoro Anasagasti el diseño y posterior construcción de un cine de tres pisos con aforo para unas 4.200 personas. El Monumental abrió como cinematógrafo el 20 de octubre de 1923, con la idea combinada de cine-teatro. En su construcción se empleó por primera vez hormigón armado, material de construcción empleado hasta esos días sólo en las obras de ingeniería civil, siendo una de las primeras obras del racionalismo madrileño. El vestíbulo está decorado con una fuente rodeada de ciervos del escultor Pedro Nicoli y en el interior tiene detalles de estilo art decó. El 26 de diciembre de 1921 se inauguró la estación de metro de Antón Martín, perteneciente a la línea 1, con la curiosidad de un acceso directo a las dependencias del Monumental Cinema. Desde 1988 a la actualidad, es la sede de la Orquesta Sinfónica de RTVE.

El 24 de enero de 1977 en el número 55 de la calle Atocha ocurrió la llamada matanza de Atocha, atentado terrorista perpetrado por activistas de ultraderecha, en el que fueron asesinados tres abogados laboralistas, un estudiante de derecho y un administrativo.

El comando, compuesto de dos jóvenes armados y un tercero de apoyo, entró en el despacho de los abogados laboralistas de Comisiones Obreras y militantes del Partido Comunista de España (todavía ilegal) a las 22:30 en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro, secretario general del Sindicato de Transportes de CC. OO. en Madrid. Al no encontrarlo, asesinaron a los que estaban presentes. Manuela Carmena, que fue alcaldesa de Madrid entre 2015 y 2019, era una de las abogadas del bufete, pero evitó el atentado por un cambio de agenda de última hora.

En 1980 la Audiencia nacional enjuició y condenó por terrorismo a los tres autores: 193 años para José Fernández-Cerdá y Carlos García-Juliá, y 73 años para Francisco Albadalejo. Tras 14 años en prisión, se concedió la libertad condicional a García-Juliá quien tres años más tarde solicitó un permiso para ir a trabajar a Asunción (Paraguay), que le fue concedido a cambio de presentarse una vez al mes en la embajada española de Asunción, lo que no hizo nunca. Fugado durante años de la justicia, finalmente apareció en una cárcel de Brasil en 2018 y fue extraditado a España en 2020. Aunque la Audiencia Nacional dictó que debía volver a prisión durante diez años más, una hábil defensa por parte de su abogado le concedió la libertad.

El atentado se produjo en lo que se llamó la “semana negra de la transición”, que, aunque dejó muchos fallecidos, marcó un nuevo rumbo en la recién iniciada transición hacia la democracia en España: el entierro de los cinco abogados fue la primera manifestación multitudinaria de la izquierda, y el 9 de abril se legalizó el Partido Comunista. Una gran escultura en bronce en la plaza de Antón Martín, llamada “El Abrazo”, recuerda a los asesinados.

En el 57 de la calle Atocha hay un restaurante con encanto, “Ferretería Restaurante” que ocupa el lugar de una antigua ferretería del siglo XIX. El restaurante ha mantenido muchos de los muebles y utensilios que se utilizaron en este negocio.

En 1585, Felipe II construyó el Convento de Nuestra Señora de Loreto para amparar a las niñas huérfanas en la plazuela de Antón Martín, mandando traer desde Roma la imagen que dio nombre al Colegio, Nuestra Señora de Loreto, El convento se fue ampliando con la adquisición de casas cercanas, y la Iglesia fue construida ya bajo el reinado de Felipe IV. En los terrenos que ocupó la iglesia, se construyó después un edificio que albergó en su parte baja una ferretería, fundada en 1888 por el riojano Esteban García Ochandatay. Esteban, un emprendedor visionario, optó por el comercio ferretero, pues este tipo de negocio era inédito en aquellos tiempos en la capital y porque le habían informado de que cerca de allí iban a abrir una estación de tren muy grande por la que pasaría mucha gente. La ferretería enseguida adquirió gran fama, porque vendía herramientas importadas de Alemania e Inglaterra que nunca se habían visto en España. Durante 140 años la ferretería va pasando de generación en generación, hasta que María Jesús García del Río, última propietaria del inmueble, se vio forzada a venderlo en 2016 por un problema de herencias.

En el lugar donde en la actualidad podemos admirar el Real Monasterio de Santa Isabel, en la calle de Santa Isabel, estaba situada “la casilla”, la suntuosa casa de campo de Antonio Pérez, el poderoso, acaudalado e intrigante valido y secretario de Felipe II. La finca y sus edificios se hallaban situados extramuros, en las afueras de un Madrid que por aquella época era aún una ciudad amurallada. Los cronistas de la época hablan de un inmenso palacio, con cuatro torres en las esquinas y rodeada de frondosos jardines y extensas huertas, cuyo perímetro tenía más de una legua. Tras su arresto y posterior huida, se produjo la incautación de los bienes del secretario y valido, y “la casilla” fue reformada para convertirla en convento y colegio y se inició la urbanización de toda la zona.

La primera proyección de una película en Madrid tuvo lugar en 1896, en un local situado en la Carrera de San Jerónimo, a cargo de los hermanos Lumière. En años posteriores, con el éxito del cinematógrafo, los locales fueron mejorando, hasta que empezaron a construirse salas dedicadas a la proyección de películas. Uno de esos nuevos locales fue el Cine Doré, construido por iniciativa del empresario Arturo Carballo e inaugurado en 1912 en la calle Santa Isabel 3. La fachada actual, de estilo modernista y diferente a cualquier otra existente en Madrid, data de 1923, bajo diseño del arquitecto Críspulo Moro. Según la nota de la Filmoteca, el cine tenía la extraordinaria capacidad de 1.250 espectadores, salón de té, sala de fumadores, y se animaba con una pequeña orquesta y un coro.

El éxito de aquel cine fue enorme. Durante medio siglo logró resistir la apertura de nuevos y modernos cinematógrafos y la decadencia de la zona de Antón Martín, si bien fue perdiendo esplendor y acabó transformado en una sala de reestreno conocida con el peyorativo nombre de “El Palacio de las Pipas”. Su decadencia se acentuó hasta que en 1963 cerró sus puertas, y durante dos décadas el espacio permaneció cerrado y sin uso. En 1982 el Ayuntamiento compró el Cine Doré como edificio de interés arquitectónico y ambiental, y desde 1989 el Cine Doré es una de las sedes de la Filmoteca Española y una especie de santuario para cinéfilos. Cuenta con tres salas de proyecciones. La sala 3, llamada “Luis García Berlanga”, es al aire libre y sólo funciona en verano. Tiene también una cafetería y una librería especializada en temas de cine.

Existen tres versiones sobre el motivo de la elección del nombre “Doré”.

  1. Dicen que su fundador se inspiró en el «Gran Salón Cine Doré» que existía en la Rambla de Cataluña (Barcelona) entre los años 1908 y 1922, también con espectacular fachada modernista.
  2. Otros ven en el nombre una referencia a Gustave Doré, autor de maravillosas ilustraciones de grandes obras de la literatura universal, como la Biblia o El Quijote.
  3. Según comentario del escritor Sánchez Dragó en un programa de televisión, su nombre real era “Cine DO-RE”, en alusión a las dos primeras notas musicales, basada en una fotografía de 1964 en la que se aprecia este nombre.

Más adelante, en la misma calle Santa Isabel esquina a San Eugenio, hay un bar llamado “La Musa de Espronceda”, nombre que recuerda al gran poeta del romanticismo español José de Espronceda y a su azarosa vida.

El romanticismo fue un movimiento literario que surge en Europa a finales del siglo XVIII, producto de las revoluciones sociales y políticas que reclamaban un nuevo modelo de pensamiento. Sin embargo, en España no se desarrolla plenamente hasta el siglo XIX, debido al autoritarismo de Fernando VII. Los autores románticos rechazaban todas las reglas formales impuestas, apostando por que solo a través de la expresión de las emociones y de la propia subjetividad se podía alcanzar la libertad. Se fragua así un espíritu rebelde y revolucionario que trata de hacer frente a las imposiciones del mundo.

El carácter revolucionario de Espronceda lo llevó a implicarse de manera activa en la política del país, era lo que llamaban un liberal exaltado”, cuya lucha por la libertad lo condenó al destierro en 1827, con sólo 20 años, en que tuvo que huir a Lisboa. Allí conoce al gran amor de su vida, Teresa Mancha, de 15 años. Sus obras “El diablo mundo” o “Canto a Teresa” así lo atestiguan. Tras una relación agitada y hasta escandalosa, llena de exilios, pobreza, raptos, hijos e infidelidades, Teresa acaba falleciendo en 1838 de tuberculosis, precisamente en un piso del edificio donde está el bar antes mencionado. Espronceda no tuvo dinero ni para pagarle el entierro. El poeta muere pocos años después, en 1842, con 34 años.

Y aquí acabó nuestro recorrido por la zona. Bueno, no aquí exactamente, porque fuimos a recuperar fuerzas a una estupenda taberna centenaria, la “Vinícola Mentridiana”.